‘Da asco’: Inquilinos de yerno de Trump reaccionan a su trabajo en la Casa Blanca

Para los inquilinos en los edificios de Jared Kushner, ver a su casero conseguir una posición de alto rango en la Casa Blanca es tan espantoso como lo es que Donald Trump se vuelva Presidente para la mayoría de neoyorquinos.

“Da asco. Es demente. Es absurdo”, dijo al Village Voice Mary Ann Siwek, quien ha vivido en el 170 Este de la Calle 2 por más de 30 años, después de que Trump, el suegro de Kushner, lo escogió para ser asesor superior oficial. “No sé cómo decirte qué tan despreciable es ese hombre”.

Kushner compró el edificio en la East Village hace tres años por $17 millones e inmediatamente empezó a hacer lo que los defensores de inquilinos llaman “construcción como forma de hostigamiento”: renovar apartamentos vacíos de manera que ponga en peligro y haga miserable la vida para los actuales residentes, especialmente aquellos con alquiler estabilizado. “Estábamos inhalando polvo y emanaciones tóxicas. Había yeso por doquier. Mi techo se desplomó un par de veces. Por seis meses tuvimos que vivir así”.  En un momento hubo un escape de gas bastante serio como para que el Departamento de Bomberos acordonara toda la cuadra. 

Los inquilinos no pudieron averiguar lo que estaba pasando, añade, porque ninguno de los trabajadores hablaba inglés. Kushner “nunca apareció”, y represen-tantes de su Westminster Management visitaron principalmente para ofrecer la compra de sus tenencias a los inquilinos. Siwek, ahora jubilada, rechazó una oferta de $10,000, y dice que algunos sólo recibieron los costos de mudarse. Después de nueve meses, dice, tres cuartos de los inquilinos se habían marchado.

Esto permitió a Kushner re-novar las unidades vacías y aumentar los alquileres a tasas de lujo. Hoy en día, Westminster anuncia apartamentos allí por entre $3,375 y $5,450 al mes, mientras promociona el edificio como el lugar “donde Allan [sic] Ginsberg escribió su famoso poema ‘Elegy’”. (El poema, que Ginsberg escribió en 1959 después de que su madre muriera, en realidad lleva el título “Kaddish”, por la oración judía conmemorativa. Él y su novio alquilaban un apartamento de cuatro habitaciones por $60.)

Este pasado no impidió que el alcalde Bill de Blasio alabara a Kushner después de que se anunciara su nombramiento el 9 de enero. 

“Le tengo mucho respeto”, de Blasio dijo a reporteros en una rueda de prensa ese mismo día. “Es alguien a quien la Ciudad de Nueva York realmente importa y es alguien que puede ser muy útil para nosotros. Así que definitivamente estoy contento de que ocupe ese cargo”. El alcalde añadió que Kushner era “mucho más moderado” que muchas de las otras personas nominadas por Trump.

“El alcalde de Blasio parece optimista de que su relación amistosa con Jared Kushner pueda ser de algún beneficio para la Ciudad de Nueva York, pero nuestra comunidad no se ha beneficiado en lo más mínimo por la propiedad de Kushner de casi 40 edificios en la East Village”, dijeron en una declaración conjunta al Voice el Comité de Cooper Square, que ha organizado a inquilinos en varios edificios propiedad de Kushner, y la asociación Fourth Arts Block. Kushner, dijeron, “ha convertido veintenas de apartamentos asequibles de alquileres regulados en vivienda de lujo que se alquila por $3,000-$5,000 al mes” y repetidas veces “enfrentó alegaciones de hostigamiento y falta de servicios esenciales” al hacerlo.

Si de Blasio “se atiene a sus palabras y piensa que Jared Kushner es ‘razonable y moderado’”, aña-dieron, “sugerimos que el alcalde venga y se reúna con inquilinos de Kushner en la East Village para escuchar lo que han sufrido en sus propiedades”.

“¡Que de Blasio esté complacido por el nombramiento de Kushner porque Kushner es ‘mucho más moderado’ que los otros nominados de Trump es realmente espeluznante!” dice una inquilina de uno de sus edificios en Brooklyn, que pidió el anonimato por miedo al hostigamiento. 

“Quiero estar seguro de que se le obligue a Kushner a revelar y desprenderse de todas sus propiedades de bienes raíces, y que no se le absuelva de nada: todos sus conflictos de interés, todos sus turbios tratos de bienes raíces… y todas las cosas horrendas que ha hecho a los inquilinos en su imperio de bienes raíces”.

Un vocero de Westminster no había respondido al cierre de esta edición a preguntas sobre si Kushner tiene planes para desprenderse de los edificios una vez que se instale en su cargo en la Casa Blanca. Jamie S. Gorelick, un abogado que le asesora, dijo al New York Times que Kushner vendría sus intereses en alrededor de 35 inversiones. Tiene planeado ven-derlos a su hermano y una sociedad de inversiones controlada por su madre, dijo, y no participaría en la administración de las propiedades que retiene.

No obstante, Kushner generalmente no lleva a cabo el proceso de desalojo-demolición-renovación de todo un edificio como lo hizo en el edificio de Siwek. Su mo-delo de negocios podría llamarse “buitre de ápice”: Durante los últimos cinco años, ha gastado más de $400 millones para comprar más de 50 edificios en Manhattan, Brooklyn y Astoria, principalmente en la East Village, al menos 40 de ellos de Ben Shaoul y Stone Street Properties, dos caseros que se especializaron en “optimizar el valor” al desalojar a los inquilinos con alquileres estabilizados mediante intentos de desalojo fabricados, amenazas y construcción como forma de hostigamiento, para luego vender los edificios a nuevos propietarios.

Anthony Donovan, quien vive en uno de estos edificios en la East Village, dice que Kushner es mucho más moderado que los propietarios anteriores: Steve Kap-lan, quien engatusó a varios inquilinos a firmar “contratos de arreglo especial” que omitieron las cláusulas que dijeron que eran de alquiler estabilizado y que tenían el derecho a quedarse, y Shaoul, quien desalojó a esos inquilinos y sujetó a los demás a “dos años de infierno, de construcción y mentiras”.

Ahora, dice, los servicios son buenos y el personal de Westminster atento. “Pero conozco el juego que jugaban”, dice de Kushner. “Él sabía lo que Shaoul estaba haciendo, y compró el edificio después de que Shaoul hiciera el trabajo sucio”.

Inquilinos en los edificios de Kushner en la East Village, sin embargo, se han quejado a menudo por la falta de servicios. En abril, después de cinco meses sin gas para cocinar y con una montaña de basura en el patio de atrás, residentes del 118 Este de la Calle 4 ganaron un convenio judicial en que Westminster acordó hacer reparaciones, dar a los inquilinos con alquileres estabilizados un descuento de un 60 por ciento en su alquiler por el tiempo sin gas y a aquellos con el alquiler a la tasa del mercado un descuento de un 30 por ciento, y cubrir los hono-rarios legales de los inquilinos.

Los problemas tienen “más que ver con una administración caótica que con la renovación total”, dice Edward Osborne, quien vive cerca. “Kushner ha estado legítimamente distraído durante el último año”. El ritmo de movimiento de personal en las oficinas de Westminster es tan rápido, añade, que con suerte te comunicas con la misma persona dos veces seguidas.

Dice que está “horrorizado” por la entrada de Kushner en la Casa Blanca. “No creo que haya de-mostrado muy buenos principios de administración”.

“El nombramiento de Kushner por parte de Trump coincide con su selección para el gabinete de criminales, mentirosos y ladrones multimillonarios y amorales”, dice otra inquilina en la East Village con alquiler estabilizado, que pidió el anonimato por miedo a represalias. “La compañía de ese tipo vive a costa de los débiles y enfermos, miente, cobra tarifas ilegales de demora, pone a los inquilinos en peligro de innumerables maneras, cuyo mensaje general a los inquilinos es un encogimiento de hombros y ‘obtienes lo que pagas’ respecto a la calefacción, gas, agua caliente, cañería moderna y electricidad”.

“Sentimos la falta total de empatía y compasión por parte de nuestro casero”, añade. “Todo el país va a sufrir lo que nos ha pasado”.

Kushner nunca apareció para reunirse con los inquilinos en 170 Este de la Calle 2 y responder a sus quejas sobre la construcción, dice Mary Ann Siwek. Esto, cree, refleja su ideología de negocios. “El sufrimiento humano no le importa ni pizca”, dice. “La ciudad no le importa ni pizca. No le importa ni pizca nada que no sea su dinero y su familia”.  Además, “se aleja lo más posible” de los resultados de sus acciones.

Le tiene un solo deseo: “Quisiera que permaneciera por un mes en una de las habitaciones mientras se hacía la construcción”.

Una versión de este artículo apareció originalmente en VillageVoice.com.