El estado renueva las leyes de alquiler, sin muchas mejoras

Las leyes de alquiler del Estado de Nueva York se han renovado, con sólo simbólicas mejoras.

Más de una semana después de que las leyes se vencieron el 15 de junio, los “tres hombres en una sala” (el Gobernador Andrew Cuomo, el Líder de la Mayoría del Senado estatal Dean Skelos y el Vocero de la Asamblea Sheldon Silver) acordaron prolongarlas por cuatro años.

El proyecto de ley aumenta el nivel de alquiler en que los apartamentos disponibles se desregulan, de $2,000 a $2,500 al mes. También aumenta el nivel de ingresos en que se pueden desregular los apartamentos ocupados que cuestan lo mismo, de $175,000 al año a $200,000. Adicionalmente, en edificios con 35 o más unidades, baja la cantidad que los caseros pueden aumentar los alquileres mensuales por renovaciones, de 1/40 del costo del trabajo a 1/60.

Los inquilinos activistas llamaron esto extremadamente inadecuado. Habían demandado que Albany revocara la ley de 1997 de descontrol de viviendas disponibles, pusiera los edificios que salgan de los programas Mitchell-Lama o Sección 8 bajo la estabilización de alquiler y diera a la Ciudad de Nueva York el derecho a promulgar leyes de alquiler más fuertes por sí sola.

“El proyecto de ley que nos dieron no es por mucho lo que hemos luchado por conseguir”, dice el director de Met Council, Mario Mazzoni. “Lo mejor que se puede decir es que no perdimos nada este año.” Por el otro lado, añade, “Por primera vez en 18 años, las leyes de regulación de alquiler se renovaron sin ningunas enmiendas debilitantes y con algunas mejoras menores para los inquilinos. Eso no se daba en absoluto por sentado. Hubieron propuestas serias para crear nuevos resquicios legales para el descontrol, y mucha gente esperaba que recibiéramos un golpe. A fin de cuentas, estamos en un clima político muy hostil cuando se trata de justicia económica para la gente de bajos ingresos. El activismo de los inquilinos fue clave para asegurar que saliéramos de este año por buen camino. Dicho esto, debimos haber conseguido mucho más, y lo hubiéramos conseguido si algunos políticos, especialmente el gobernador, realmente hubieran luchado por nosotros”.

Los inquilinos activistas montaron una fuerte campaña para fortalecer las leyes, al manifestarse en todas partes de la ciudad, organizar piquetes frente al despacho de Cuomo en Manhattan y mandar autobuses llenos de manifestantes a Albany. El 13 de junio, mientras 400 manifestantes llenaron los pasillos del capitolio estatal, se detuvo a 12 personas en un plantón fuera del despacho del gobernador.

Una victoria ganada por esta campaña, dicen, fue impedir que la Legislatura revocara la decisión Roberts, emitida por la corte estatal en 2009, que falló que es ilegal que los caseros que reciben descuentos de impuestos por renovar edificios de alquiler estabilizado desregulen apartamentos en ellos. Esta decisión dio marcha atrás al descontrol en Stuyvesant Town/Peter Cooper Village y lo impidió para miles de apartamentos más. El Senado estatal, instado por los grupos de presión de la industria de bienes raíces, había aprobado tal proyecto de ley.

Sin embargo, sin la revocación del descontrol de viviendas dis­ponibles, los cambios en la ley “no van a parar la pérdida constante de apartamentos asequibles”, dice Mary Tek, gerente de campaña para la Campaña de Reforma de Renta Real (Real Rent Reform Campaign), una coalición de grupos de vivienda y comunitarios.

Las leyes de estabilización de alquiler y control de alquiler del estado actualmente protegen alrededor de 1 millón de apartamentos de masivos aumentos de alquiler y desalojos sin causa. Sin embargo, desde 1997 hasta 300,000 apartamentos han sido desregulados. Muchas de las desregulaciones fueron fraudulentas, pero las esfuerzos del estado para hacer cumplir la ley oscilan entre una lentitud glacial y la inexistencia.

De todas maneras, la campaña de los inquilinos enfrentó pocas probabilidades en Albany. Según Causa Común (Common Cause), los 120 principales individuos y organizaciones de bienes raíces en la ciudad donaron $9.7 millones a campañas estatales y locales en 2009-10, casi el doble de lo que donaron en 2007-08. Después de que los republicanos retomaron el Senado estatal el noviembre pasado, el presidente de la Asociación de Renta Estabilizada (Rent Stabilization Association), Joe Strasburg, se jactó de que los grupos de presión de los caseros habían “básicamente vaciado nuestras alcancías” para conseguir este resultado, y que esperaban recibir beneficios a cambio de la inversión. El Senado se negó por meses a aprobar nada que no fuera una simple prolongación de las existentes leyes de alquiler.

El Gobernador Cuomo recibió $1.3 millones de este dinero. (Su contrincante republicano recibió $250.) Prometió varias veces “fortalecer” las leyes, pero se mostró mucho menos apasionado sobre el tema que por la reducción de las pensiones de trabajadores estatales o el aumento de los gastos de matrícula en las universidades estatales. No exigió que la reforma de las leyes de alquiler se incluyera en el presupuesto estatal en marzo, cuando hubiera podido ejercer más presión sobre los republicanos del Senado. Nunca respaldó la revocación del descontrol de viviendas disponibles.

“En torno a cuestiones económicas, no se puede distinguir entre Cuomo y un republicano”, dice Mario Mazzoni. “Realmente llevábamos las de perder”.

Si el ambiente político en Albany es tan hostil, entonces ¿qué puede hacer el movimiento de inquilinos? Según los inquilinos activistas, tiene que ser mucho más grande y militante.

“Lo más importante es el mensaje”, dice Mary Tek. El movimiento tiene que corregir las “ideas falsas sobre la regulación de alquiler, de que sea una limosna, que resulte ser una subvención estatal para los inquilinos. En medio de una extrema crisis de vivienda, trata de nivelar el campo y darles derechos a los inquilinos”. También, añade, tiene que ir más allá de defender a los 2.5 millones de personas que viven en apartamentos de alquiler regulado y montar una campaña para que todos los inquilinos estén protegidos.

Ayudar a los demócratas a recuperar el control del Senado es importante también, dice, pero “no podemos poner todos los huevos en esta canasta”.
“Necesitamos una estrategia que sea más de afuera”, dice Mazzoni. “Seguimos una estrategia principalmente de adentro, pero no somos personas de adentro”. Esto, dice, supone “más agresivas manifestaciones y no simplemente tratar de influenciar a los funcionarios elegidos”.

El movimiento también tiene que atraer a los inquilinos de alquiler no regulado, dice. La estrategia de los grupos de presión de la industria de bienes raíces, explica, viene “del libro de juegos para abolir pensiones y destruir sindicatos”. Al denegar derechos económicos a personas que ya no los tenían, el descontrol de viviendas disponibles ha creado una clase de inquilinos, en su mayoría más jóvenes, que pagan altos alquileres a la tasa del mercado y que se pueden manipular para que resientan a los que pagan menos.

“El movimiento necesita incluir a los que no están protegidos”, dice. “Debemos empezar a exigir que los derechos se amplíen”.
“La acción directa tiene que estar sobre la mesa”, dice Andres Mario Mures, un organizador con el grupo comunitario Hermanas Mirabal (Mirabal Sisters) en West Harlem.

Durante la Depresión, dice, hubo una importante huelga de alquiler en el Bronx. Al desalojarse a la gente, sus vecinos y los consejos de desempleados bloqueaban el desalojo o llevaban las cosas de regreso al apartamento.

El movimiento también necesita unificarse por encima de las divisiones de etnias, lenguajes y clases, dice, porque a menudo es percibido como centrado en los inquilinos blancos de alquiler estabilizado en Manhattan. Esto se mejoró este año; las manifestaciones en Albany se celebraron en inglés y español, y algunas en Queens añadieron chino y bengalí.

No sabe cuánto puedan hacer los organizadores, además de seguir trabajando y explicando a la gente que sí se puede.

“La gente va a empezar a pasar aprietos”, dice. “Cuando menos lo esperas, se puede volver radicalizada.”