La Asamblea es clave en la renovación de las leyes de alquileres

Las leyes de control y estabilización de alquileres están programadas para vencerse el 15 de junio. Con la asequibilidad de vivienda de más de dos millones de neoyorquinos en juego, ¿para qué podemos contar con la Asamblea del Estado de Nueva York?

Se espera que la Asamblea apruebe un proyecto de ley crucial a favor de los inquilinos que no solamente renovaría nuestras leyes de regulación de alquileres, sino también las fortalecería, al poner fin al descontrol de viviendas disponibles definitivamente y poner bajo regulación cientos de miles de apartamentos que se han convertido en unidades alquiladas a la tasa del mercado durante los últimos 13 años. El proyecto de ley de Regulación de Alquileres Polifacético (Omnibus Rent Regulation Bill), A-2674, también incluye la mayoría de las demandas legislativas hechas por los grupos de inquilinos en los últimos años.

Si la Asamblea aprueba este proyecto de ley y no hace nada más, sería un desastre de proporciones gigantescas para los inquilinos. Podría facilitar la eventual eliminación total de las regulaciones de alquileres, porque la mayoría republicana en el Senado estatal tiene toda intención de dar largas a ésta y cualquier otra legislación a favor de los inquilinos. Si la mayoría en el Senado simplemente se sienta de brazos cruzados y niega considerar la votación de ningún proyecto de ley para renovar las regulaciones de alquileres, las leyes simplemente se vencerán, sin acción legislativa alguna.

A diferencia de muchas campañas legislativas, casi no tiene caso que los inquilinos intenten educar a nuestros legisladores acerca del asunto. La mayoría de los políticos de Nueva York ya han adoptado una postura firme en torno a las regulaciones de alquileres. Los afiliados a los caseros no se van a dejar persuadir por ningún argumento sobre los horrores que sucederían a los millones de neoyorquinos que de repente se encuentren incapaces de pagar los costos de vivir en su propia ciudad. Tales legisladores han optado por aliarse con los caseros porque los grupos de presión de los caseros están dispuestos a contribuir fondos para sus campañas de reelección en todo momento, siempre y cuando se esfuercen para impedir que se considere cualquier votación sobre los proyectos de ley a favor de los inquilinos, además de votar en contra de tales proyectos de ley en el caso de que sí haya votación.

Los caseros de Nueva York pueden lucrar con billones de dólares al poner fin a las regulaciones de alquileres, y están dispuestos a gastar millones para garantizar que esto suceda. ¿A dónde se supone que vayan a ir los desalojados neoyorquinos de bajos ingresos, la clase trabajadora y la clase media? A demasiados caseros y funcionarios elegidos, la respuesta les importa poco.

Los únicos legisladores que no están de ningún lado (a quienes podemos llamar los votantes oscilantes) están indecisos porque las políticas que los afectan tienden a cambiar. Unos pocos representan importantes cantidades de inquilinos de alquiler regulado, pero cobran jugosas contribuciones de los grupos de presión de los caseros. El encanto del dinero de los caseros gana con frecuencia si no hay una campaña organizadora de bastante envergadura en sus distritos.

Más comúnmente, los votantes oscilantes esperan una señal por parte de sus líderes de partido. Individualmente, puede ser que no estén atados ni a la clase de los inquilinos ni a la de los caseros. Tienen algunos nexos con los caseros y pueden votar en contra de los inquilinos si no hay mucho en juego, pero podrían votar a favor de los inquilinos si sus líderes de partido les den ultimátums: Vota a favor de los derechos de los inquilinos si quieres ayuda para recaudar fondos en la próxima elección, o vota a favor de los inquilinos si quieres que algún día votemos la legislación X, Y o Z que a ti sí te importa.

La política fea es la realidad de la lucha este año. Durante décadas, una clase de caseros bien organizada se ha esforzado para amañar el sistema político. No se engañe: Los inquilinos no debemos nunca intentar desarrollar una estrategia de largo plazo parecida a la de los caseros. Nunca podremos igualar su capacidad para comprar el apoyo político, ni nunca debemos querer hacerlo. El poder de los inquilinos está basado en el poder del pueblo. Millones de dólares parecen insignificantes comparados con millones de inquilinos organizados. El poder del movimiento de inquilinos es la razón por que la Ciudad de Nueva York sigue con regulaciones de alquileres después de que se las ha eliminado por completo en mucho del resto del país.

En el clima político actual, la más importante base del poder de los inquilinos de Nueva York está en la Asamblea. El liderazgo del Senado, un grupo de republicanos quienes han pasado décadas apostando su futuro con los caseros, alegremente atrasará cualquier votación sobre las regulaciones de alquileres hasta las últimas horas antes de que las leyes se venzan. Han pasado años confeccionando sus estrategias para conseguir las concesiones que van a exigir a la última hora: las disposiciones que van a exigir a cambio de renovar nuestras leyes de alquileres en forma alguna en 2011. Están tramando una estrategia de varios años para poner fin a las regulaciones de alquileres en Nueva York.

¿Qué puede hacer la Asamblea para los inquilinos? Cualquier cosa y todo. O para ser más preciso: nada. La mejor cosa que pueden hacer los miembros de la Asamblea para apoyar la regulación de alquileres es rehusar votar sobre ningún otro asunto hasta que el Senado apruebe su ley para renovar y fortalecer las regulaciones de alquileres.

Hay prioridades legislativas que importan más a los senadores republicanos que la regulación de alquileres. La base de los republicanos está en el norte del estado de Nueva York, donde no existen regulaciones de alquileres: una realidad que los caseros de la ciudad han aprovechado, aunque sólo pueden hacerlo hasta cierto punto. El peor de los casos para los inquilinos sería que las dos cámaras de la Legislatura aprueben toda la legislación importante para mediados de junio y que la renovación de las leyes de alquileres sea el último punto de la agenda del Senado. El mejor de los casos sería que la Asamblea dé prioridad a la renovación y fortalecimiento de las regulaciones de alquileres y se niegue a aprobar cualquier otro proyecto de ley hasta que el Senado haga lo mismo.

Lo más fácil para la Asamblea y el Vocero Sheldon Silver sería aprobar nuestra legislación a favor de los inquilinos, pasar al resto de la agenda legislativa y echar la culpa a los republicanos del Senado al acercarse el 15 de junio sin que el Senado haya hecho nada acerca de la legislación de regulación. La predicibilidad de este guión y las consecuencias a que conduciría significan que seguirlo sería vergonzoso.

Mientras se hablaba de la legislación propuesta por el gobernador Andrew Cuomo para limitar impuestos sobre los bienes, el Vocero Silver señaló a principios de enero que para los inquilinos de la Ciudad de Nueva York, la asequibilidad de vivienda existe por medio de la regulación de alquileres, no por limitar impuestos sobre los bienes. A Silver se le propinaron fuertes regaños en los medios de comunicación por haber “vinculado” las dos cuestiones; el Daily News le acusó de “hacer engañosos juegos de palabras y tratar de negociar en secreto para convertir la supervivencia económica del estado en nada más que otro billete en regateos tras puertas cerradas”. Silver se retractó rápidamente y dijo que no planeaba vincular las medidas.
El 31 de enero, Silver mandó un correo electrónico en masa a sus electores sugiriendo una estrategia diferente: negar el apoyo para la renovación del descuento de impuestos 421-a que los constructores reciben para construir vivienda de lujo en su mayoría. “Lo hice claro a los grupos de presión de la industria de bienes raíces”, escribió, “que hasta que tengamos leyes de alquileres más fuertes, no tomaremos ninguna acción para prolongar sus descuentos de impuestos para nuevas construcciones”. La idea de atrasar legislación es acertada, pero trazar la raya solamente en 421-a no será suficiente. Los medios de comunicación apenas han murmurado sobre esta vinculación, ni sobre el hecho que el programa 421-a en realidad se venció en diciembre y ya no se puede usar para nuevas construcciones; esto es una señal que los caseros no están exactamente temblando. Los beneficios 421-a continuarán para los constructores que ya participan en el programa. Solamente los que están planificando nuevas urbanizaciones pueden perder este regalo del gobierno, y no les importa a los propietarios del millón de apartamentos de alquileres regulados que no son también constructores. Estos caseros sólo tienen en la mira los billones de dólares que pueden ganar al mermar la regulación de alquileres.

En una reunión con políticos el 3 de febrero, algunos miembros de la Asamblea de Manhattan prometieron tanto no votar sobre ninguna legislación clave como ni siquiera leer u opinar sobre los proyectos de ley hasta que protecciones de alquileres más fuertes sean aprobados y se hayan hecho leyes. Tal táctica no necesariamente tiene que suponer cambiar una pieza de legislación por otra u obstaculizar a cualquier comunidad de electores en el camino hacia la aprobación de nuestros proyectos de ley. Un boicot por parte de la Asamblea contra la política de Albany en 2011 es exactamente lo que necesitamos. ¿Pero seguirán siendo fieles a estas promesas?

Sin lugar a dudas, atrasar el resto de lo que se tiene que hacer en Albany atraerá el desprecio de los medios de comunicación, pero nada menos será suficiente. ¿Hará la Asamblea lo que sea necesario?