Ocupaciones por los sin techo en Filadelfia ganan promesa de vivienda de la ciudad

FILADELFIA—En un campamento de personas sin techo en el Norte de Filadelfia, los organizadores Jennifer Bennetch y Sterling Johnson se refugian de una intensa lluvia bajo toldos azules colgados de ramas de árboles con correas elásticas, mirando un paisaje de carpas y un muro de paletas. El campamento en que están está casi vacío, y por una buena razón. Después de una campaña que comenzó con la ocupación en marzo de varias casas vacantes propiedad de la Autoridad de Vivienda de Filadelfia (Philadelphia Housing Authority, PHA) y se extendió a dos campamentos de personas sin techo, ellos lograron forzar a la autoridad a prometer que entregaría hasta 74 edificios vacantes que le pertenece a un grupo de personas sin techo.

“No hay nada más temible que una persona negra libre”, dice Johnson mientras moteadas hojas otoñales flotan en los riachuelos pluviales alrededor de sus pies. Grafitos garabateados en una de las paletas que cercan el campamento, parte de un muro construido para proteger contra la amenaza de expulsión con excavadoras, reflejan la misma opinión dice “Los No Paletables” (un juego de palabras para decir “Los Desagradables”). La ocupación, ambos organizadores dicen, fue un intento para superar la falta de techo por medio de tomas de posesión colectivas, en vez de pedir ayuda paternalista.

“Es una abominación decir ‘no necesitamos su ayuda’”, añade Johnson. “La gente no puede creer cuanta competencia hay en un campamento de personas sin techo”, dice Bennetch.

En marzo, cuando la pandemia de COVID-19 empezó a hundir la economía, un grupo de mayoritariamente mujeres con hijos empezó a ocupar casas en hilera abandonadas que pertenecían a la PHA y a repararlas para que fueran habitables, eventualmente mudándose a 15 de ellas. En junio, mientras el asesinato de George Floyd a manos de la policía provocaba protestas en todo el país, algunos cientos de personas sin techo armaron sus carpas en dos campamentos: el Campamento Teddy, a la sombra de la multimillonaria sede central de la autoridad en el Norte de Filadelfia, y el campamento James Talib Dean, en la Calle 22 y la autovía Benjamin Franklin, a lo largo del bulevar que conduce al Museo de Arte de Filadelfia. Su demanda fue vivienda permanente.

Ahora, muchos de los residentes sin techo en los campamentos probablemente no tendrán que pasar el invierno a la intemperie. El 25 de septiembre, la PHA llegó a un acuerdo provisional con la Coalición de Acción para la Vivienda en Filadelfia para entregar 50 edificios vacantes que le pertenece a un fideicomiso inmobiliario en la comunidad (community land trust, CLT). Se están precisando los detalles todavía, pero el fideicomiso inmobiliario incluirá adicionalmente algunas de las 15 casas ocupadas. La PHA también ha acordado una prórroga de vender propiedades que le pertenece a la espera de una investigación independiente, además de reformas en su cuerpo policial y protecciones para los ocupantes irregulares.

Acción para la Vivienda en Filadelfia ha presentado documentos para convertirse en una organización sin fines de lucro y ha consultado con Max Rameau de Recuperar la Tierra (Take Back the Land) sobre cómo establecer un CLT para administrar y reparar los edificios. Y el 5 de octubre, a cambio de que los ocupantes dejaran el Campamento Teddy, la PHA acordó añadir nueve unidades más, que “se rehabilitarán según los códigos, por los sindicatos de edificación y construcción, y los residentes pueden recibir entrenamiento y empleos sindicalizados”, dijo Bennetch en un mensaje de texto.

Este arreglo se logró, según Bennetch, porque los planes para empezar a construir una urbanización en el sitio ocupado estaban “muy cerca de desbaratarse”.

La oficina de prensa de la PHA no respondió a una solicitud por un comentario.

Los organizadores, la mayoría de los cuales habían experimentado la falta de techo en carne propia, creían que había llegado la hora para hacer demandas audaces, incluidas vivienda permanente para personas con bajos ingresos, una prórroga de vender tierras a especuladores privados por parte de la ciudad hasta que todas las personas en la lista de espera de la PHA tengan viviendas y no más redadas para hacer remover a personas sin techo.

La lista de espera de la PHA, cerrada a nuevos solicitantes desde 2013, tiene casi 50,000 personas inscritas. En una ciudad donde más de dos tercios de las familias ganan menos de $30,000 al año, la autoridad sigue subastando propiedades vacantes. Las 15 casas ocupadas, dicen los organizadores, estaban programadas para venderse como parte del programa Demostración de Asistencia de AlquilContratoser (Rental Assistance Demonstration), en el que la PHA recauda dinero para construir unidades nuevas vendiendo las viejas a constructores privados, que pueden convertirlas a la tasa del mercado después de 15 años.
“El campamento me dio comida todos los días, un lugar donde ducharme, sabes de qué estoy hablando. Aunque estábamos a la intemperie, se aseguraban de que estábamos bien”, dice Ciera, de 26 años, quien ha estado viviendo con su hija de 7 años en una de las casas en hilera renovadas. Desde que su madre murió en 2011, Ciera, quien pidió usar un seudónimo, había “luchado contra la falta de techo por un buen rato”, yendo de albergue en albergue sin salir de la lista de espera para vivienda permanente.

Dos años después, harta de la “esperanza falsa”, dejó el sistema de albergues. Al principio, estaba durmiendo en los sofás de amigos, pero terminó durmiendo en la calle o, durante el invierno, en Suburban Station, un centro de trenes urbanos en el centro de la ciudad. En enero de 2019, en una noche de temperaturas bajo el punto de congelación, la policía forzó a ella y 200 otras personas sin techo a salir de la estación, atacando con aerosol de pimienta a algunos que se resistieron.

Ciera regresó a la estación después, eludiendo la represión policial al dormir en parques a veces.

A principios de este año, Ciera consiguió un empleo como trabajadora de relevo en una compañía de empaque al otro lado del río Delaware, en Nueva Jersey. Se había enterado del trabajo por otra persona sin techo que trabajaba allí. El dinero que ganaba le dio esperanzas de reunirse con su hija, quien había estado viviendo con familiares. Pero perdió el trabajo cuando llegó la pandemia.

Ciera se sentía como si estuviera perdiendo la razón, su “salud mental quebrada” por todas las humillaciones de vivir en la calle, por las personas que le robaron sus pertenencias y tarjetas de identidad y por entrar en peleas a golpes. Pero cuando la información sobre el campamento en la autovía de Ben Franklin se difundió de boca en boca entre las personas sin techo en la ciudad, ella empacó sus pertenencias y se fue allí.
“Ahora estoy bendecida”, dice, feliz porque su nueva estabilidad de vivienda permite a su hija tener citas para jugar.

Luis Feliz Leon es organizador, periodista e investigador independiente de la historia de movimientos sociales, creando grandes problemas en la Ciudad de Nueva York.