Por qué Nueva York necesita el control de alquileres comerciales

CBGBs, el venerable club de rocanrol en el East Village, cerró sus puertas en 2006 cuando el alquiler subió de $19,000 a $35,000 al mes. En 2013, más de 50 artistas se vieron forzados a abandonar sus estudios en Industry City (el enorme complejo industrial en Sunset Park, Brooklyn) cuando sus alquileres aumentaron, algunos hasta un 40 por ciento. Durante este año, una cuadra entera de negocios en manos de latinos en Washington Heights, incluido Punta Cana, un restaurante que había servido al vecindario por más de 40 años, fueron desalojados por su casero, Coltown Properties. Y Pearl River Mart, el emporio de todo lo asiático en Chinatown, desapareció cuando su alquiler subió repentinamente de $100,000 al increíble $500,000 al mes. 

Los neoyorquinos en todos los vecindarios, desde el West Village hasta Bushwick y Jackson Heights, están viendo las tiendas locales familiares cerrar sus puertas a un ritmo espantoso, remplazadas por bancos y farmacias de la cadena Duane Reade. En muchos casos, las tiendas simplemente quedan cerradas con cierre metálico y dejadas vacías mientras los caseros esperan la llegada de inquilinos que paguen más (y reciben descuentos de impuestos mientras esperan). Se ha prestado mucha atención, apropiadamente, a la crisis de vivienda asequible y el declive de las leyes de regulación de alquileres. Sin embargo, mientras vecindarios en toda la ciudad se aburguesan, con alquileres aumentando y las comunidades de minorías siendo desplazadas por residentes más ricos y blancos, debemos también prestar atención a la crisis de alquileres comerciales. Se está forzando a desaparecer a cientos de pequeños negocios que otorgan servicios, trabajos y el sentido de comunidad a sus vecindarios.

Los inquilinos comerciales casi no tienen derechos. No hay límites en cuánto sus caseros pueden aumentar los alquileres, las renovaciones de contrato muy a menudo vienen acompañadas por la extorsión de miles de dólares en pagos ocultos, y ni siquiera tienen el derecho básico de renovar el contrato como inquilino en regla. Sin embargo, esto no siempre ha sido el caso. De 1945 a 1963, la Ciudad de Nueva York tuvo un verdadero control de alquileres comerciales: Fue promulgado por la legislatura estatal a petición del alcalde Fiorello LaGuardia, como respuesta a la desenfrenada especulación en bienes raíces durante la Segunda Guerra Mundial, la cual fue consi-derada una “emergencia pública”.

Esta ley puso un tope en el aumento legal del alquiler para cualquier tipo de inquilino comercial, desde restaurantes, dentistas y tiendas de reparación de zapatos hasta carpinteros, soldadores y artistas. Pero en 1963, se la permitió caducar, y desde entonces los inquilinos comerciales han estado a la merced del mercado. En los años 80, mientras los alquileres empezaron a subir otra vez, la entonces concejal Ruth Messinger intentó resucitar el control de alquileres comerciales. El gobierno de Koch derrotó este proyecto de ley (el concejal de Queens que dio el voto decisivo para poner  fin a una encarnación en comité fue declarado culpable de corrupción más adelante), pero versiones de la misma han circulado en el Concejo desde entonces.

El proyecto de ley de regulación de alquileres comerciales actualmente en trámite en el Concejo, la Ley de Supervivencia de Pequeños Negocios (Small Business Jobs Survival Act), no es realmente control de alquileres comerciales como el que la ciudad tuvo desde 1945 hasta 1963, con verdaderos topes de alquiler. En vez de esto, es básicamente un proyecto de ley de arbitraje. Si un inquilino cree que el aumento del alquiler es demasiado alto, puede llevar al casero a una mediación, y, si resulta ser necesario, al arbitraje para llegar a un acuerdo sobre el alquiler. Además, el proyecto de ley obliga a los caseros otorgar renovaciones de contrata de 10 años si el inquilino así quiere. Esto es muy importante en un mundo donde muchos pequeños negocios tienen contratos de mes a mes o de un año, algo que hace casi imposible que los propietarios de una tienda familiar hagan planes para el futuro. El proyecto de ley da a los inquilinos en regla el derecho básico a renovar su contrato y específicamente prohíbe la extorsión de pagos ocultos por una renovación.

Actualmente, la Ley de Supervivencia de Pequeños Negocios está estancada en el Comité Sobre Pequeños Negocios, y 23 concejales han firmado como copatrocinadores, tres menos que los 26 necesarios para constituir una mayoría. En 2009, un proyecto de ley similar tenía 32 copatrocinadores, y estaba a punto de ser aprobado por el Concejo. No obstante, durante el fin de semana antes de que se hiciera la votación, la entonces Vocera Christine Quinn lo suprimió al amenazar con quitarles a los defensores de la ley sus presidencias de comités y fondos para sus vecindarios, así que muchos de ellos dejaron de apoyarlo. El antiguo Concejal Robert Jackson, uno de los patrocinadores originales, se puso tan enfurecido que se ató con cadenas a un pasamanos de la alcaldía.

Curiosamente, algunos de los Concejales que apoyaron el proyecto de ley en 2009 se han mantenido callados con respecto a la versión de este año, incluidos la Vocera Melissa Mark-Viverito, Julissa Ferraras de Queens y el alcalde Bill de Blasio. La Presidente del Condado de Manhattan, Gale Brewer, quien también fue defensora del proyecto de ley la última vez, ha propuesto repentinamente una medida mucho más débil que solamente otorgaría la mediación sin ningún arbitraje obligatorio. Si la mediación no funcionara, el inquilino recibiría una extensión del contrato de un año con un aumento de un 15 por ciento “para dar al inquilino un tiempo razonable para mudarse”. Su propuesta también solo aplicaría a tiendas en el primer piso, así que los inquilinos comerciales de pisos más altos, que incluyen a artistas, pequeños despachos, grupos de baile y más, no serían protegidos.

Para sorpresa de nadie, la Junta de Bienes Raíces de Nueva York (Real Estate Board of New York, REBNY) está tenazmente opuesta al control de alquileres comerciales. El presidente de REBNY, Stephen Spinola, asevera que a los neoyorquinos les encantan las tiendas de cadena: “La gente sale de la ciudad en sus carros para ir a tiendas Walmart y Target”, dijo a The Villager en marzo. “Si las grandes tiendas no funcionan, entonces ¿Por qué están funcionando?” Spinola también insiste que la ley violaría los derechos de propiedad de los caseros, diciendo que “es una toma constitucional, y será impugnada legalmente”. 

¿Desafiará el Concejo a REBNY, aún bajo amenaza de tal impugnación, y actuar con bastante valor para poner fin a la crisis de alquileres que están sufriendo los pequeños negocios y las artes?