Residentes de Chinatown se manifiestan contra nueva torre de lujo

Manifestándose en contra de la construcción de una torre de lujo de 72 pisos en el lugar que anteriormente era del principal supermercado del vecindario, alrededor de 400 personas, desde la edad de la primaria hasta ancianos, marcharon en Chinatown cerca de la base del Puente Manhattan el viernes 25 de septiembre. Alguien gritó, “Vamos a coger la calle”, y la muchedumbre, acorralada por los RMP y SUV de la policía, se dirigió al carril de autobuses en East Broadway, rumbo a la alcaldía.

Mientras el grupo se reunía al lado de la valla verde de la excavación para la construcción, David Tieu, de la Coalición para Proteger a Chinatown (Coalition to Protect Chinatown) y el Loisaida, le dijo, “Bill de Blasio, tú prometiste poner fin a la historia de dos ciudades, pero sigues haciendo caso omiso de miles de gente trabajadora en Chinatown y el Loisaida”.

La torre que Extell está construyendo en el 250 Calle South hará que los alquileres se pongan por las nubes, “desalojando a los residentes y pequeños negocios”, dice Tieu algunos días después. “Es un descarado y obvio ejemplo de qué tan destructivas son las construcciones de lujo en el vecindario”.

Provisionalmente llamada One Manhattan Square, la torre ocupará la parcela entre FDR Drive y la urbanización Rutgers Houses, de frente a la portuaria justo al norte del Puente Manhattan. La venta de condominios está programada para la primavera. Extell compró el terreno por $175 millones al principio de 2013, algunos meses después de que el supermercado Pathmark que había estado ahí cerró sus puertas. Se había abierto en 1983 después de que grupos comunitarios hicieron un llamado por un supermercado en el área.

Los planes actualmente archivados con el Departamento de Edificios municipal son para un edificio de 72 pisos, de 800 pies de altura, con 815 apartamentos de lujo. Extell también ha indicado que puede reducir el tamaño del edificio a 56 pisos, pero también ha presentado documentos de zonificación que podrían permitirle construir hasta 80 pisos. En cualquier caso, tendrá más del doble de la altura del Puente Manhattan, de 336 pies.

Chinatown y el sur del Loisaida están habitados actualmente por inmigrantes de la clase obrera; hay varias grandes urbanizaciones de vivienda pública en el área, además de las cooperativas de Grand Street, donde viven más personas de la clase media. Los manifestantes dijeron que temían que la torre de Extell aceleraría el aburguesamiento. 

“Me crié en el Loisada, y mis hijos que nacieron aquí no pueden vivir aquí”, dice Norma Ramirez, de 72 años, antiguo miembro de la Junta Comunitaria 3 que vive in las cooperativas de Grand Street. “No sé por qué están tratando de forzarnos a mudarnos”, dice Anna Wang, de 21 años, estudiante universitaria de Chinatown cuyos padres son trabajadores de restaurant inmigrantes.

Los manifestantes también se quejaron de que se está subvencionando el edificio bajo el programa 421a, una exención de impuestos para nuevas construcciones residenciales que cuesta más de mil millones de dólares al año, con más de un 90 por ciento dado para apartamentos de lujo. “Mi apartamento se inunda cuando llueve, pero la ciudad está regalando millones de dólares para construir  vivienda para los ricos”, dijo la oradora Louise Vélez, quien vive en una cercana urbanización de vivienda pública. Michael Casiano, de 26 años, nativo del Loisaida que se desempeña como coordinador de programas extraescolares, llevó una pancarta que decía, “Di No a las Puertas de Pobreza: Si No Está a Nuestro Alcance, No Lo Construyas”.

En junio de 2014, Extell presentó planes para otro edificio de 13 pisos en la parte posterior del terreno. Tendría 205 apartamentos que se alquilarían por entre $833 y $1,082 al mes. Esto indicaría que el constructor busca una exención 421a, ya que el programa requiere ahora que las nuevas construcciones en el sur de Manhattan incluyan un 20 por ciento de vivienda “asequible” para conseguir el descuento de impuestos. (Extell se ganó mala fama en 2013 cuando la legislación estatal exentó su torre One57 de ese requisito. La aprobación del proyecto de ley coincidió con $150,000 en contribuciones de la compañía y su dueño, Gary Barnett, al Gobernador Andrew Cuomo y un fondo del Partido Demócrata usado para hacer publicidad en favor de Cuomo.)

Un portavoz del Departamento de Finanzas municipal dijo que no tenía registro de exenciones de impuestos para el terreno de 250 Calle South, pero añadió que esto puede significar que la solicitud del constructor todavía esté pendiente o que los registros no se hayan puesto al día todavía. Extell no respondió a peticiones de un comentario. 

Los funcionarios municipales dicen que no hay manera legal de detener el proyecto. Bajo la zonificación actual de Chinatown, es un edificio “de pleno derecho”, lo que significa que puede ser construido sin necesidad de ninguna aprobación municipal aparte de los permisos de construcción normales. Esta zonificación data de 1961, cuando los urbanistas contemplaban la expansión del distrito financiero hacia el noreste y por lo tanto no pusieron límites en la altura de edificios en Chinatown.

“Esto es un ejemplo perfecto de porqué necesitamos un plan de rezonificación”, dijo la manifestante Mika Nagasaki, una voluntaria con la Asociación de Personal y Trabajadores Chinos (Chinese Staff and Workers Association), que es miembro de la coalición. El edificio de Extell, sostienen los manifestantes, habría sido sujeto a restricciones en torno a su altura, densidad y asequibilidad si la ciudad hubiera o incluido Chinatown en su rezonificación del East Village en 2008 o adoptado un plan de rezonificación propuesto en 2012 por el Grupo de Trabajo de Chinatown (Chinatown Working Group), una coalición de las tres juntas comunitarias en el Sur de Manhattan y varias agrupaciones de vecinos.

El edificio “es desafortunadamente una de muchas mega-construcciones que no son sujetas a revisión pública o negociaciones para mitigar el impacto que estos grandes edificios tienen en los ya abrumados servicios sociales y la infraestructura”, dijo la Concejal Margaret Chin, quien representa el área, en una declaración. “Por eso estoy comprometida en reducir la proliferación de estos terrenos para construir ‘de pleno derecho’”. 

Sin embargo, Chin no apoyó el plan del Grupo de Trabajo de Chinatown, diciendo que “todos los interesados, la gente que será afectada directamente por cualquier cambio, incluidos los residentes, los dueños de negocios y los líderes comunitarios, necesitan ser parte del proceso en adlante”.

Aquel plan habría limitado la altura de nuevos edificios a entre 85 y 120 pies en buena parte de Chinatown, con hasta 350 pies permitidos a lo largo de la portuaria del Río Este; limitado grandes tiendas, hoteles y clubs; y obligado que entre un 40 y 55 por ciento de apartamentos construidos fueran asequibles para personas que ganan menos de $40,000 al año. Bajo este plan, dice el grupo, 250 Calle South tendría que proveer 782 apartamentos asequibles.

Las restricciones de altura son importantes, según un estudio hecho por el Centro Pratt para Des-arrollo Comunitario (Pratt Center for Community Development), emitido en junio de 2014, porque bajo la zonificación de 1961, casi un 80 por ciento de los edificios del vecindario son más pequeños que el máximo legal. Esto hace el área “especialmente vulnerable a nuevas construcciones a tasa del mercado”, dijo. “El aumento en el valor de bienes raíces y el interés de constructores amenazan con destruir el tejido urbano histórico de usos mixtos de Chinatown y las áreas a su alrededor y con desalojar a las comunidades existentes de inmigrantes y personas de bajos ingresos, además de los pequeños negocios que les atienden”.

La mayoría de Chinatown escapó el aburguesamiento que inundó el East Village durante las décadas de 1980 y 1990, pero esto ha cambiado en los últimos 15 años. Nuevos apartamentos de lujo han infiltrado cuadras y los caseros han comprado edificios y tratado de desalojar en masa a los inquilinos más viejos y de bajos ingresos. 

“Recibimos constantemente informes de hostigamiento a inquilinos”, dice un portavoz de la Concejal Chin. La rezonificación del East Village de 2008, que limi-tó las construcciones de muchos pisos a las calles principales y requirió que un 20 por ciento de las unidades construidas fueran asequibles, “contribuyó enormemente a la aceleración de estos cambios”, dice Tieu, ya que empujó la construcción de viviendas de lujo hacia el sur, en el área des-protegida.

El Departamento de Planificación Urbana (Department of City Planning, DCP) rechazó el plan del Grupo de Trabajo de Chinatown en febrero. Un portavoz del DCP dice que fue “una tarea de demasiada envergadura”. Específicamente, interferiría con las metas del programa Vivienda para Nueva York (Housing New York) de de Blasio, para construir 80,000 apartamentos debajo de la tasa del mercado en los próximos 10 años. Las restricciones de altura y requisitos de asequibilidad del plan “no serían factibles”, dice el DCP, porque bajo ellos, los especuladores no construirían sin subvenciones municipales.

Vivienda para Nueva York, que el alcalde ha llamado “el programa de vivienda más amplio y ambicioso de su índole en la historia del país” tiene requisitos de asequibilidad mucho menos severos para los especuladores. Ellos pueden incluir o un 25 por ciento de apartamentos asequibles para familias de cuatro personas que ganan menos de aproximadamente $52,000 al año, un poco menos de $1,300 al mes, o 30 por ciento que se alquilen por menos de aproximadamente $1,725. Aunque la urbanización Essex Crossing, planificada para el lado sur de la Calle Delancey (aprobada por el Concejo Municipal en 2012 después de más de 40 años de disputas sobre el terreno) tendrá un 50 por ciento de “vivienda asequible”, el DCP dice que esto es porque la ciudad era propietaria del terreno. Además, solo un 30 por ciento de la vivienda construida será asequible para personas que ganan menos de $100,000 al año.

El requisito del plan del Grupo de Trabajo de Chinatown de que la mitad de nuevos apartamentos construidos sean asequibles para el tipo de personas que vive en el vecindario es de demasiado “gran alcance” debido al método que de Blasio está usando para crear vivienda asequible. 

El programa del alcalde depende de usar fuerzas económicas e incentivos para aumentar el goteo hacia debajo de las construcciones de lujo, al dejar a los especuladores construir más alto de lo que permite la zonificación actual, a cambio de poner 25-30 por ciento de las unidades debajo de la tasa del mercado. La clave de este malabarismo es que los edificios tienen que ser bastante rentables para atraer a los especuladores.

El programa de Vivienda para Nueva York generalmente define “asequibilidad” como viable para familias que ganan entre un 60 y 80 por ciento del estándar del “ingreso mediano del área” federal. Sin embargo, esto se basa en el ingreso mediano para la Ciudad de Nueva York y los condados de Westchester y Rockland, $86,300 para una familia de cuatro personas. El ingreso mediano para Chinatown es menos de la mitad de esto: $37,362 para una familia de cuatro personas en 2013, según el estudio del Centro Pratt. Para ser genuinamente asequibles para los residentes actuales, los apartamentos tendrían que alquilarse por menos de $935, o aún menos.

Los manifestantes llaman el rechazo del plan del Grupo de Trabajo de Chinatown “racista y no democrático”. 

“Para mí, el hecho que lo consideraron ‘no factible’ es absurdo”, dice Denise Sicat Wong. Más de 10,000 personas firmaron peticiones pidiendo a la ciudad que lo adoptara, dice Mika Nagasaki. “No creo que ningún plan de rezonificación consiga 10,000 firmas”.

Las opciones del alcalde son limitadas. La manera más directa de crear vivienda para personas de bajos ingresos sería construir más vivienda pública. Actualmente hay 270,000 personas en la lista de espera de la Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Nueva York (New York City Housing Authority, NYCHA), un 50 por ciento más de la cantidad de apartamentos que tiene. Sin embargo, NYCHA, con una escasez de fondos y frecuentemente mal administrada, ha tenido problemas crónicos para hacer hasta reparaciones básicas, y una ley federal de la época de Clinton prohíbe que las ciudades aumenten su cantidad de vivienda pública.

Por otra parte, dice Tieu, “se supone que [de Blasio] es un alcalde progresista”, pero “no ha alzado la voz en contra de ninguno de estos obstáculos”.

En una declaración, Wiley Norvell, portavoz para la Oficina del Alcalde, dijo que el gobierno municipal estaba maniatado. 

“Es un proyecto de pleno derecho. Basta decir que muchos de los cambios que hemos puesto en marcha, desde eliminar condominios de lujo del programa 421a hasta nuestra nueva política de vivienda de inclusión obligatoria, a lo mejor habría resultado en un proyecto distinto si se estuviera empezando de cero hoy”.

 

Una versión de este artículo apareció en Gothamist.