Toma del poder por parte de los republicanos es de mal agüero para los inquilinos

Ni siquiera fue una contienda igualada. Los republicanos ganaron una estrecha pero clara mayoría en el Senado del Estado de Nueva York en las elecciones del 4 de noviembre. Esto dará a la industria de bienes raíces en la Ciudad de Nueva York bastante ventaja el año que viene, cuando las leyes estatales de protección de alquileres y cooperativas deben ser renovadas, antes de que venzan el 15 de junio.

Los republicanos tomaron po-sesión de 32 de los 63 escaños del Senado, exactamente el mínimo necesario para aprobar o rechazar un proyecto de ley. A lo mejor tendrán otro voto más por parte del renegado demócrata de Brooklyn Simcha Felder, quien se ha reunido en camarilla con los republicanos durante los últimos dos años: Se supone que lo hará otra vez.

Todavía no está claro si el líder republicano Dean Skelos, del Condado Nassau, continuará con su arreglo de poder compartido con los cinco miembros de la Confe-rencia Demócrata Independiente (Independent Democratic Conference, IDC), encabezada por Jeffrey Klein (Bronx-Westchester). Esta alianza hizo posible que los republicanos controlaran el Senado durante los últimos dos años a pesar de ser una minoría numérica.

Skelos puede calcular que no necesita compartir el poder con Klein, especialmente porque los republicanos son más disciplinados con respecto a las órdenes del líder que los más díscolos demócratas. Por otra parte, cuenta con varios miembros que son bastante ancianos, y su diputado, Tom Libous de Binghamton, está enfrentando acusaciones de delitos federales graves y dice que tiene cáncer terminal. Una posibilidad es que en vez de reproducir el arreglo de poder compartido entre los republicanos y la IDC, en que tanto él como Klein tenían que acordar para que se consi-derara la votación de cualquier proyecto de ley en el pleno del Senado, Skelos puede intentar ganar su apoyo al darles a Klein y sus cuatros seguidores las presidencias de comités y otros beneficios. 

Tres Senadores a favor de los inquilinos, recién llegados al Senado de distritos en el norte del estado, Terry Gipson, Cecilia Tkaczyk y Ted O’Brien, per-dieron por márgenes significativos frente a republicanos muy conservadores. Justin Wagner, un demócrata a favor de los inquilinos quien se postuló para el escaño en el Hudson Valley dejado libre por el republicano Greg Ball, perdió frente a un derechista extremo. La Junta de Bienes Raíces de Nueva York (Real Estate Board of New York, REBNY), invirtió mi-llones de dólares para derrotarlos.

Un titular a favor de los inquilinos, George Latimer del Condado de Westchester, sobrevivió un reto derechista, y el demócrata a favor de los inquilinos Marc Panepinto ganó una contienda entre cuatro candidatos en Buffalo.

La pérdida neta para los inquilinos: dos votos. Cuando se necesita 32 de 63 votos para aprobar cualquier cosa, dos votos significan mucho.

 

Entonces, ¿qué pasó?

Se ha derramado mucha tinta desde el 4 de noviembre para explicar por qué los demócratas quedaron tan mal. Parece que todo el mundo coincide en que al menos un factor es que la escasa participación electoral les hizo daño. 

Los votantes republicanos, que suelen ser más viejos y más ricos, participan más en las elecciones no presidenciales, cuando muchos demócratas que votan en los años de las elecciones presidenciales se quedan en casa. Esta tendencia fue más notable en las elecciones de este año: la participación electoral en todo el estado fue la más baja desde que la Junta de Elecciones empezó a mantener un registro preciso en 1970. Demócratas inscritos en Nueva York superan en número a los republicanos por un margen de 3 a 2, pero Andrew Cuomo fue reelegido frente al candidato republicano Rob Astorino con un millón de votos menos de los que ganó en 2010. 

En la ola de Obama de 2008, los demócratas se apoderaron del Senado estatal por primera vez en 40 años, ganando una mayoría de un voto. Los republicanos lo recuperaron en 2010, también por un voto. En 2012, a pesar de que el gobernador Cuomo permitió que Skelos estableciera líneas de distritos electorales hiper-tergiversadas, los demócratas ganaron 33 escaños frente a los 30 de los republicanos; pero el arreglo de Jeff Klein con Skelos, tramado por Cuomo a puertas cerradas, dio el control en efecto a los republicanos.

Algunos observadores echan la culpa a Cuomo por haber disminuido la participación electoral al encabezar una campaña aburrida. Aseveran que los votantes habrían prestado más atención y se habrían comprometido más sí él se hubiera presentado con la base con más frecuencia, estrechando la mano en contornos sin guión, en vez de confiar en saturar las ondas aéreas con anuncios en la televisión, llenar los buzones de correos con literatura propagandística poco convincente y llevar a cabo solamente eventos públicos extremadamente controlados. Hasta se negó a debatir con Zephyr Teachout, su contrincante en la elección demócrata primaria, y no participó en ningún debate a solas con Astorino. 

Otros echan la culpa a Cuomo por no haber cumplido con su promesa de ayudar a los demócratas a ganar una mayoría en el Senado. Es cuestionable que hacer campaña por los candidatos demócratas hubiera ayudado, ya que hay aversión generalizada al gobernador. Los candidatos en todas partes del estado reportaron que encontraron reacciones negativas acerca de Cuomo al ir tocando puerta en puerta. “Dejé de mencionar al gobernador. En mi distrito no tiene influencia electoral en absoluto”, dijo un legislador demócrata.

Sin embargo, Cuomo seguramente podía dar un poco de sus $45 millones de fondos de campaña al Comité Demócrata del Senado Estatal. El partido demócrata estatal dice que transfirió $1 mi-llón a la cuenta de ellos para pagar propaganda por correo en apoyo a los candidatos al Senado. Si hubiera dado $10 millones, como le instó Bill Samuels de EffectiveNY, podría haber hecho una diferencia.

Además, si Cuomo realmente hubiera deseado que el Senado tuviera una mayoría demócrata, hubiera podido decir a sus amigos en REBNY y a sus compinches multimillonarios de fondos de cobertura que respaldan el movimiento de escuelas chárter que cerraran sus chequeras. REBNY gastó más de $1.9 millones y los del “uno por ciento” que apoyan las escuelas chárter gastaron $4.2 millones en contra de los demócratas. Que nosotros sepamos, es posible que el gobernador les dio ánimos: Es harto sabido que prefiere un Senado controlado por los republicanos y que aceptó la condición de apoyar el control demócrata sólo para ganar la línea de votación del Partido de Familias Trabajadoras (Working Families Party).

Los sindicatos laborales, liderados por los maestros, gastaron mucho para apoyar a los demócratas y movilizaron impresionantes esfuerzos para aumentar el número de votantes. Pero no fue lo suficiente para superar la escasa participación electoral. 

 

No me culpen

Cuomo mismo ha echado la culpa a todo el mundo menos a él mismo, señalando la victoria abrumante de los republicanos en todo el país, el enojo de los votantes con el presidente Obama y la atroz economía. Seguramente estos fueron factores.

Sin embargo, hubo una razón por encima de todas las demás porqué es justo echar a Andrew Cuomo la culpa por la pérdida de un Senado estatal controlado por los demócratas: su claudicación en torno a la redistritación electoral de 2012. Hizo campaña para ser gobernador en 2010 basada en una promesa explícita de poner fin a la redistritación partidaria e insistir que una comisión no partidaria estableciera los distritos basados en el censo de 2010. Una vez que tomó posesión del cargo, hacía hincapié en este punto vez tras vez, prometiendo vetar – cualesquier líneas nuevas establecidas con propósitos partidarios.

Aparentemente Dean Skelos y el Vocero de la Asamblea Sheldon Silver (demócrata de Manhattan) no le creyeron, porque siguieron adelante con sus planes normales, dando fondos al grupo de trabajo legislativo sobre la redistri-tación y estableciendo sus propias líneas. Tenían razón. Después de 15 meses de repetir su amenaza de vetar estos planes, Cuomo se puso de acuerdo para darles a los líderes legislativos rienda suelta. A cambio, recibió cosas que él quería, especialmente recortes en las pensiones de trabajadores estatales. 

El resultado fue la peor tergiversación jamás vista, con los demócratas de la asamblea estableciendo líneas para hacer imposible que los republicanos ganaran más escaños y los republicanos del Senado usando artilugios para desdibujar las líneas de la manera más escandalosa posible. Usaron desigualdades de población flagrantes para robar al menos dos escaños a la Ciudad de Nueva York. Para ayudar a Martin Golden, uno de los dos titulares republicanos en la Ciudad de Nueva York, sacaron las urbanizaciones de vivienda pública de Coney Island y Bensonhurst de su distrito en el sur-oeste de Brooklyn, conectándolas al distrito de la demócrata de la IDC Diane Savino en Staten Island con la franja litoral deshabitada al otro lado de la Belt Parkway. 

A pesar de todo esto, los republicanos perdieron su mayoría en 2012, y por eso tuvieron que hacer el arreglo con Klein para mantener su poder.

Si Andrew Cuomo hubiera cumplido con su promesa y forzado a la legislatura a establecer una comisión de redistritación no partidaria al vetar sus planes partidarios, a lo mejor tendríamos un Senado estatal con 40 a 43 miembros demócratas y 20 a 23 republicanos. Contar hasta 32 no sería una obsesión tan grande para tanta gente.

Los inquilinos y otros grupos interesados van a pagar el precio de la traición de Cuomo. En el próximo número de Tenant/Inquilino, trataremos algunas estrategias legislativas que los inquilinos pueden usar para evitar el desastre.