Trump: El arte de la segregación de vivienda

El historial del racismo de Donald Trump va mucho más allá de la intolerancia pendenciera de sus arengas en contra de los mexicanos y musulmanes. Las especulaciones en bienes raíces de su familia tienen un historial profundo de segregación. 

El padre de Trump, Fred C. Trump, hizo su fortuna durante los años después de la Segunda Guerra Mundial construyendo vivienda para los veteranos que acaban de retornar, en particular un grupo de edificios de muchos pisos al oeste de Ocean Parkway en Gravesend y Coney Island. La Administración Federal de Vivienda (Federal Housing Administration, FHA) subsidió la construcción, y el viejo Trump tomó todo lo que pudo, traspasando los límites de lo legal. También aprovechó el permiso de la FHA para “convenios restrictivos” que prohibieron arrendar o vender a ciertos grupos étnicos, además de su desaprobación de “usos no armoniosos de vivienda,” de permitir que gente negra se mudara a vecindarios blancos.

El legendario cantante y compositor Woody Guthrie, que se mudó a los apartamentos de Trump en Beach Haven en Gravesend en 1950, se horrorizó cuando se dio cuenta de que ninguno de sus vecinos era negro. “Supongo que el Viejo Trump sabe exactamente cuánto Odio Racial despertó en las ollas de sangre de los corazones humanos cuando trazó aquel línea de color aquí en su proyecto de mil ochocientas familias”, escribió en un diario recién descubierto.

El joven Trump entró en el negocio después de que se promulgaran las leyes federales de derechos civiles, así que tuvo que recurrir a métodos más sutiles. En 1973, la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia demandó a la organización de Trump, después de que comprobadores de la Liga Urbana (Urban League) que habían buscado apartamentos descubrieron que Trump sólo los arrendaría a los blancos. Cuatro superintendentes o agentes de bienes raíces dieron evidencias de que Trump codificó las solicitudes para apartamentos por razas. Un agente dijo que Fred Trump le había dicho específicamente que no arrendara a gente negra, y tres porteros dijeron que ellos habían sido instruidos para decir a personas negras que no había apartamentos disponibles. 

Donald Trump llamó a la demanda “discriminación inversa”, echando bravatas de que fue parte de un “esfuerzo en todo el país para forzar a los dueños de apartamentos moderados y de lujo a arrendar a beneficiarios de ayuda social”. Cuando testificó en 1974, aseveró que “desconocía” la Ley de Vivienda Justa de 1969 y que “no tenía idea de la composición racial” de sus inquilinos, aseveración que se desmoronó ante preguntas más detalladas.

El abogado de Trump, Roy Cohn (el infame secuaz del difunto Senador Joseph McCarthy) hizo una petición de que el caso fuera rechazado, acusando al gobierno de “tácticas propias de la gestapo”. El juez rechazó su petición como “sin fundamento alguno”. La petición de rechazo “pudo haber sido motivada más por lo que los agentes estaban encontrando que por la manera en que estaban buscando”, escribió el reportero del Village Voice Wayne Barrett en una histórica serie sobre Trump en 1979. 

Trump arregló la demanda fuera de la corte en 1975, acordándose de hacer anuncios de trabajos en periódicos orientados hacia minorías raciales y promover minorías a puestos profesionales. Sin embargo, Trump dejó de poner anuncios de trabajos disponibles en el Amsterdam News después de que el mandato judicial de dos años venció. Dijo a Barrett que eso fue porque aquel era solamente “un periódico de vecindario para Harlem”. En 1978, el Departamento de Justicia se quejó de que Trump estaba en desacato del decreto judicial emitido previo acuerdo de las partes, acusando que “conductas racialmente discriminatorias por parte de agentes de Trump” seguían siendo frecuentes.

Barrett describió la declaración por escrito de 1974 de Donald Trump como “100 páginas de desmedido desprecio para todo el asunto”. Adicionalmente, mientras Trump se metió en bienes raíces en Manhattan durante los años 70 con copiosa ayuda financiera y política del gobierno, Barrett escribió que entre los traficantes de influencias que él entrevistó, “nadie parecía pensar que el historial de Trump en torno a las razas debiera afectar lo que la compañía recibiera de la ciudad o el estado”.